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Un Tipo Feliz

Miércoles, 15 de junio de 2005

Hace un mes.

Ha pasado justo un mes
desde aquella epidemia brutal
que devoró sin cuartel y sin aviso
a toda la humanidad
en cuestión de horas
las personas morían
sin explicación
sin sangre
sin gritos
Quedamos muy pocos
en sitios muy remotos
dispersos
Nosotros eramos inmunes
a lo que fuese que causara aquella enfermedad
En el momento en que calló la última voz humana
Yo estaba mirando por mi ventana
Sólo habían quedado en pie algunos animales y todas las plantas
con su verdor
oxigenante
esperanzador
Yo estaba mirando por mi ventana
Sólo habia pasado un mes desde la tragedia
Y ni de lejos estaba cerca de asimilarlo.
Por qué habíamos quedado solo unos pocos?
Eramos acaso, como en las películas, elegidos, héroes, libertarios
o eramos solo producto del azar?
Entonces
Con su silencio atronador
Cortando el viento
Dejando tras de sí
corrientes de convección
que hacían temblar de terror el horizonte muerto
bajaron simultáneas del cielo aquellas estructuras.
Entonces comprendí
que aquella epidemia inexplicable
habia sido más que una epidemia
una fumigación.
Una de las estructuras cayó a diez kilómetros de mi casa
sobre el barrio donde se compraban las armas y las drogas a los gitanos.
Yo podía verla desde la seguridad de mi ventana
Era un recorte bizarro en el cielo
Y parecía emitir algún tipo de sonido vibrante.
Pocas horas después
aparecieron aquellas siluetas
acercándose poco a poco
a mí
sabían que yo estaba aquí
eran animales? eran engendros?
por fín iba a saber lo que eran.
Por qué no llegaban de un salto?
Por qué no se teletransportaban?
Por qué no me lanzaban su rayo de energia oscura?
No tenía catalejos
Ni una cámara fotográfica con zoom
No podía saber lo que eran
Quizá estaban admirando su nueva finca!
Cuando ya casí podía verlos, no quise que ellos me vieran a mí;
corrí a meterme en un armario
con olor a Polil
y con las piernas encogidas
esperaba mi fin.
Entonces se abrió el armario
Seres de aspecto oscuro
Bípedos
Con el cráneo minúsculo
y dos ojos muy pequeños y muy amarillos
mirándome todos a la vez.
Al apretar las mandibulas por el miedo
Se me rompieron todos los dientes
y entre el dolor y el terror
pude ver entre los párpados
que me ponían
cadenas.
Después, con los diez dedos de su mano, me señalaron la puerta
y caminé agachado hacia ella
sin mirar atrás
cuando les oía cerca, seguía caminando
y así llegamos fuera.
Entonces me señalaron a lo lejos la estructura
y emitieron un graznido desolador
Ahi ya se me hincharon los cojones
ya vale de tanto mamoneo
junté las dos manos en un solo puño poderoso
y lo hice chocar una y otra vez contra los alienigenas de pacotilla
que cayeron uno detrás de otro como sacos de harina
contra todas mis previsiones, haber hecho eso
no habia implicado mi muerte instantánea
Descubrí que las cadenas no eran, nunca mejor dicho, nada del otro mundo
y pude romperlas facilmente golpeando contra una roca
mucha evolución y mucha hostia
y no hacen ni una cadena en condiciones
joder ya, hombre.
Poco a poco, sin prisa pero sin pausa,
fui buscando y dando caza a los muy cabrones
que eran todos igual de débiles
hasta que no quedó ni uno.
Me hice un loft en una de las estructuras
Pasaba el día mirando los confines del Universo por sus telescopios superavanzados
Comprendí rapidamente su alfabeto
construido con dibujos intuitivos
Leyendo en su inmensa biblioteca
aprendí todos los secretos de la mecánica de las cosas
En los ratos libres me hice un trono
con sus calaveras mínimas y cartilaginosas
y jugué a ser Conan.
Aqui estoy, ya veis,
quien me iba a decir a mí esto hace un mes.



Por: antonio domínguez león | Literatura | Comentarios (0) | Referencias (0)

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