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Un Tipo Feliz

Sábado, 26 de febrero de 2005

El calcetín

Este es un texto que escribí de cara a contar la historia del encuentro con Rufo, la mascota de PETIT films.

Se abrieron mis ojos, la luz impactó en mis pupilas, se formó una imagen en mi mente, y entonces supe que había despertado. Hacía unos segundos soñaba que flotaba perpendicular a la vía láctea y que a lo lejos veía cientos de cetáceos cósmicos nadando hacia otras galaxias deshaciendo las nebulosas con sus colas descomunales. Sin embargo, ahora estaba de nuevo en la realidad, con sus leyes físicas, con sus objetos de tamaño normal, con la crueldad, con la alegría, y tal y cual. Ahora, despierto, tenía de nuevo pulmones y corazón y músculos y huesos, no esos atributos sobrenaturales que se te otorgan en los sueños para hacer lo que te salga de los cojones. Al final me dejé de pensar tantas cosas recién despierto y me levanté de un salto, me metí al servicio, me eche agua en la cara y la froté froté froté para que corriera la sangre, luego fui hacia la cocina, di los buenos días a Rufo: ¡Hola Perro!, y salté sobre él, le rasqué la barriga y luego bebí agua porque estaba más seco que el chocho de Nefertiti.
Abrí el congelador y saqué hielo para enfriar el café y con el vaso en las manos me senté sobre la encimera y miré a través de la ventana y vi el Sol. ¡Qué grande! –pensé-.
Bebí el café: ¡Qué bueno!.
Eché un vistazo a las noticias del día en Internet; primero leí los titulares generales y luego entré a la sección de Ciencia y Tecnología, después cogí un papel y dibujé un perro subido a un elefante subido a una tortuga. Así a la bobada pasó una hora y siempre salgo a pasear con Rufo una hora después de levantarme. Me fui a la habitación, me puse los calzoncillos y los pantalones y la camiseta y luego abrí el cajón de la mesilla para sacar los calcetines. Me puse el primero en el pie izquierdo, zip, y luego cogí el segundo para ponérmelo en el derecho cuando de repente: ¡AH!
!El calcetín se mueve!
Como un ofidio de fibras se irguió sobre su pie extraño y arrugado y me dio los buenos días.

-¡Hola, chaval! Qué pasa! Buenos días!

-Oye, calcetín, tu qué cojones haces hablando?

-Intento comunicarme contigo. Ese es el fin intrínseco del habla.

Miré al infinito durante unos segundos y después encendí un cigarro.

- Me das uno? –preguntó el calcetín.
- Claro, toma.

Me quedé asombrado de lo bien que fumaba el condenado calcetín teniendo en cuenta que carecía de brazos.

-Bueno, que sepas que yo soy un tipo de mente abierta. Puede que en principio me choque que me hable una de mis prendas de vestir pero creo que ya lo tengo asimilado.
-Así me gusta, chaval. Después de un viaje desde la dimensión paralela de los calcetines uno siempre prefiere la tolerancia al rechazo.
-La dimensión paralela de los calcetines!! ¿Te refieres a la mítica dimensión paralela a la que van a parar esos calcetines que se esfuman misteriosamente en la lavadora?
-No, no, menudos paletos esos! JAJAJA, yo soy de la dimensión paralela de los calcetines, sin más. No me vayas a comparar con esos bachibuzoks!
-Quieres algo de beber? Estarás seco, no?
-Bueno, si me traes una arielita de suavizante te lo agradezco.

Mientras preparaba su bebida oía su reptar tranquilo por mi habitación. Cuando volví, el calcetín se había subido a una mesa de madera junto a la ventana y echaba un vistazo al paisaje.
Dejé la copa a su lado y le pregunté por qué quería hablar conmigo.
Me miró y después reptó hacia la arielita, que vació en un santiamén.

-BREEP. ¡Ah! Que señor eructo tan cojonudo! JAJA, te gusta tirarte eructos?
-Claro que si, mira, mira.

Me tiré un eructo impresionante y me gané la confianza del calcetín.

-Bueno, chaval, me ibas a preguntar que por qué quería hablar contigo, no?
-Pues si, te lo iba a preguntar ahora, pero me ahorras el esfuerzo, aunque bien mirado no, porque la respuesta que te he dado es más larga que la pregunta que te hubiera planteado.
-Vale, vale, tranquilo, a ver, dices que por qué quiero hablar contigo, y yo, que soy medio gallego, te respondo con otra pregunta. Por qué no?. Solamente quería hablar con un ser distinto, y…quizá….quién sabe…desvelarle los secretos del Universo.
-¿Los secretos del Universo? Un calcetín que babea suavizante conoce los secretos del Universo?
-No me seas ignorante, incrédulo ni bluorgmornio, por favor te lo pido.
Todos los seres estamos hechos de lo mismo! Somos trozos conscientes de materia, y algunos somos capaces de oír a esa voz primigenia que, cual locutora radiofónica, recita los secretos del Universo incansablemente desde el principio de los tiempos.
-Bueno, pues a ver, cuéntame alguno, a ver, cual es el tamaño del Universo?
-Esa es fácil. El Universo que conocéis es realmente una miga de pan cayéndose del bocadillo de una criatura tan distinta a vosotros que no sois capaces de imaginarla.
-Una miga de pan?? Pero que estás diciendo!! Y donde está esa miga? Ha tocado ya el suelo?
-No, eso toca dentro de cinco mil millones de años. Cuando caiga al suelo se la comerá una paloma y os añadirá a todos a su estructura corporal.
-Vamos a ver, y el universo donde está la miga de pan que es nuestro Universo, es infinito?
-No, ese no, ese tiene unos pocos años de luz de ancho y a partir de ahí hay un muro de ladrillos.
-Infinito?
-Joder, que manía con el infinito.
-Pero es infinito o no??
-Siii, es infinito. Te quedas más tranquilo?
-No. Se me va de las manos ese término.
-Tu querías saber si era infinito o no.
-Entonces hay infinitas civilizaciones inteligentes?
-Claro que sí, y también hay infinitas civilizaciones gilipollas, como la tuya.
-Oye, sin faltar, que te centrifugo, desgraciao.
-A ver, más preguntas.
-Vamos a ver. Cual es el sentido de la vida?
-No me digas que no sabes cual es el sentido de la vida. No me lo puedo creer. Que fuerte me parece.
-Soy humano. No se ni el uno por ciento de las cosas que pasan a mi alrededor.
-Pues a ver, como te explico. El sentido de la vida consiste en realizarte completamente como ser: divertirte, aburrirte, ser feliz y estar jodido, crear cosas, también destruirlas, conocer el amor y perderlo, transmitir a una mujer tus genes suspendidos en una solución nutritiva que llevas en una bolsa al lado de tu aparato reproductor.
-Si, pero y todo eso para qué?
-Ah, pues para que el regocijo del emperador Voyeurus tercero, que os vigila a todos desde su microscopio infalible, sumido en su terrible adicción a los reality shows.
-Me estás diciendo que todos los seres vivimos para que un emperador se divierta mirándonos?
-Efectivamente.
-Hoy tenia que haberme puesto sandalias, sabes?
-Pero no te las has puesto, decidiste que te pondrías tus zapatillas, y para eso necesitabas calcetines, y por eso me has conocido.
-Te refieres a que esto es una señal de que existe el destino?
-Por supuesto que existe! JAJA, pero que te creías, que lo del libre albedrío era verdad?.
Si tienes conexión a Internet te enseño una cosa.

Con mis esquemas definitivamente hechos mierda, aupe al calcetín hacia el teclado. Tecleó tan rápido como le permitía su cuerpo textil y de repente leí en la pantalla “Archivo de destinos de la humanidad”.

-Aquí está. Anda! Si la han reconstruido! Qué bonita les ha quedao! Mira esa animación, jaja, que cachondos. A ver. Tecleamos aquí tu nombre y tu fecha de nacimiento, ahora le damos a buscar, y voilá! Aquí te tenemos. Ahora buscamos el día de hoy, esperamos un momento, y a ver, a ver..”A las nueve, se levantará, se le pegarán las sabanas un rato, luego se levantará por fin de un salto, se aseará, tomará el café sentado en la encimera mirando al Sol, luego leerá las noticias, después dibujará, se dará cuenta de que es la hora de salir a pasear con su perro, irá a vestirse, y al ponerse el calcetín derecho, este le hablará”

-Y que pasará después? Eh? Déjame leer! Vamos!
-Puedes buscar el día de tu muerte, ¿quieres?
-No se, y si es hoy?
-No creo, muy mala suerte sería eso.
-Pero puede ser, a ti te da lo mismo porque eres un calcetín y ni siquiera respiras, pero yo tengo que vivir…
…para divertir al emperador Voyeurus tercero del que me hablaste antes, y del que no sabia nada hasta el momento en que tu me lo contaste, impidiéndome vivir tranquilo para el resto de mis días.
-Vamos a dejar esto del destino un rato. ¿No quieres saber más cosas?
-Si, si, mejor. A ver. Cuando cierras la puerta de la nevera…la luz realmente se apaga?
-JAJA! Pues no! Cuando cierras la puerta, una tribu minúscula sale de detrás de los yogures y las lechugas para adorar al dios de la bombilla de dentro de la nevera. Son tan increíbles los individuos de esta tribu que jamás verás a ninguno porque saben que abrirás la nevera cinco segundos antes de que pienses en hacerlo.
-Toda esta cosmogonía delirante que me propones no deja en buen lugar al ser humano. ¿Qué tenemos de especial? ¿Sólo somos trozos de carne con curiosidad luchando por salir del planeta para parasitar todo?
-Bueno, algunos de tu especie han dicho cosas interesantes; uno de ellos, incluso se acercó a la verdad absoluta. “Por qué hay ente y no más bien nada”, se planteaba el bueno de Heidegger.
-Eso! Por qué hay ente y no más bien nada! Por qué! Por qué la tostada cae del lado de la mantequilla y los gatos sobre las cuatro patas? Los toros de lidia son de Lidia o es que sirven para lidiarse? La sal de mesa se hace con mesas? Y la pasta de dientes con dientes?
-A ver; pues hay ente y no más bien nada porque estaba este solar abandonado y era una pena tenerlo muerto de risa, la tostada cae del lado de la mantequilla porque ese lado pesa más, los toros de Lidia pueden ser de una ganadera que se llame Lidia, si, claro, por qué no, la sal de mesas, efectivamente, se hace con mesas que se han sumergido en el mar, y la pasta de dientes, por supuesto que claro que sí, la hace el ratoncito Perez, en su laboratorio clandestino de Stuttgart.

Pero..mejor que enredarnos en todas estas locuras, por qué no vemos mejor dibujos animados en la tele?

-Me parece bien. Vamos allá.
-Así me gusta!

Y aquel día en que conocí los secretos del Universo, y a través de una página web lo que me deparaba el destino, aquel día en que conocí el sentido de la vida y otros asuntos, ese día, también hice un amigo.

Por: antonio domínguez león | Literatura | Comentarios (0) | Referencias (0)

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